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80. Los Rojos no usaban sombrero…

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ÉTICA & ESTÉTICA

Baluarte de la LIBRE Expresión

Autor: Jorge Mª Ribero-Meneses

Obra registrada

Archivo Serie Completa: www.fundaciondeoccidente.org

Vinculada a: www.iberiacunadelahumanidad.net

80. Los Rojos no usaban sombrero…

En mi familia se ha dado bastante eso de ser de derechas pero con una ideología o una sensibilidad de izquierdas. Que es una tercera vía, muy sabia, que tiene muchísimo que ver con aquella humorada de mi querido amigo Potito respecto a que soy un ateo de pacotilla…, o el ateo más devoto de la Historia… Y tiene toda la razón, porque ya desde muy joven y de una manera instintiva, me ha repugnado alinearme con bando alguno y he procurado, con mayor o menor fortuna, construir mi ideología con lo mejor de todos los bandos. Porque la realidad es ésa, que la verdad y la razón no son nunca patrimonio exclusivo de bando alguno y suele suceder que ambas anden repartidas entre todos ellos… Que es a esto, en definitiva, a lo que se conoce como ECLECTICISMO: el método filosófico que reúne aspectos de doctrinas diversas, tratando de alcanzar una síntesis equilibrada de ellas, con el fin de beneficiarse de lo mejor de cada una.

En los años de mi juventud laboral en Barcelona, teniendo en torno a 17 años y trabajando en una importante empresa uno de cuyos directivos era mi tío Julio, se fraguaron dos bandos antagónicos. En uno de ellos, que lideraba mi tío junto con su socio Pau Mitjans, se alinearon de manera inmediata y natural mi padre y dos de mis hermanos que también trabajaban en aquella empresa: MINSA… En el bando contrario se reunían todos los fieles seguidores de una mujer muy inteligente y acaudalada, accionista de la empresa, que fue la primera persona que me valoró y me distinguió en mi vida: Doña Mercedes Llauradó Campdepadrós. Hace muchos años que falleció, pero siempre veneraré su recuerdo, porque en realidad fue ella la que me descubrió y en no pequeña medida, fue a través de ella que me descubrió mi propio tío, con el que hasta ese momento había tenido una relación estrictamente familiar y, por ende, muy superficial. Pues bien, para asombro, escándalo y cabreo de mi padre y hermanos, yo me mantuve equidistante entre ambos bandos y procurando mantener una relación estrecha y hermosa con la que todos conocían como La Merçé y mi padre y yo como Doña Mercedes… Ella supo agradecer y valorar esa neutralidad mía, la eficacia de mi trabajo y el cariño manifiesto que la mostraba y, gracias a ella y a que Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es