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145. Un modelo a imitar: el COLEGIO SAN JOSÉ de Valladolid

Página Abierta al Conocimiento,

en la vanguardia intelectual de Occidente…:

ÉTICA  & ESTÉTICA

Baluarte de la LIBRE Expresión

Autor: Jorge Mª Ribero-Meneses Lázaro. Obra registrada

Definición de Moral y de ÉTICA:  

Parcela del comportamiento humano que preconiza el predominio del BIEN sobre el MAL, entendido aquél como la DEFENSA a ultranza de la BONDAD y de la VERDAD, y otorgando siempre la supremacía al RESPETO de los intereses de los más débiles.

– Soneto 2351

Definición de ÉTICA & ESTÉTICA

Nuestra única Ley es la Hermosura,

nuestra Pasión, sólo una, la Verdad,

sentimos Devoción por la Bondad,

e innata inclinación por la Ternura.

Rendimos culto, sólo, al alma pura,

a la que no conoce la Ruindad

y labra en la Nobleza su beldad

y en la Honradez su estampa y su figura.

Nuestro mayor demonio es lo vulgar,

nuestro Ángel predilecto, la Alegría,

 nuestro horizonte ideal es siempre el Mar

y nuestro paisaje…, la Armonía.

Nuestra Felicidad estriba en dar,

tal es, en fin, nuestra filosofía.

Archivo Serie Completa: www.fundaciondeoccidente.org

                                                  www.etica-and-estetica-com

Vinculada a: www.iberiacunadelahumanidad.net

                           http://picarox.blogspot.com/p/etica-estetica.html

Sábado, 19 de Junio 2010

Introito 145. Una vida de novela… y la novela de la Vida 

Capítulo 125: XI Domingo POÉTICO 

Un modelo a imitar: el COLEGIO SAN JOSÉ de Valladolid

 Comencé mi Introito 144 dándoos noticia de mi asistencia, el pasado domingo, a la Asamblea Anual de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio San José de Valladolid y ya entonces os anuncié mi propósito de dedicar un próximo Introito a esta venerable Institución Docente en la que tuve el privilegio de educarme.

Quienes tuvimos la fortuna de nacer en la Valladolid de antaño, pudimos beneficiarnos de algunos valores harto singulares que hoy brillan por su ausencia en ella (…y en todas partes). Porque la cantidad de población foránea que ha recibido, ha conseguido desvirtuar el carácter de aquella ciudad que conocimos en nuestra infancia y juventud, cuando aún permanecía indeleble el timbre y marchamo de la que en tiempos no tan remotos había llegado a ser capital de España. Y ello, en la época más brillante de nuestra Historia. Los grandes valores que la Valladolid de la década de los 40 y de los 50 del pasado siglo atesoraba y que la distinguían de las demás ciudades castellanas, eran a mi juicio los siguientes: 1. En primer lugar y por encima de todo, el celo que los Vallisoletanos cultos ponían en hablar un castellano lo más correcto y rico posible; y, en este sentido, tengo que destacar y enaltecer a mi propio Padre que fue, sin la menor duda, la persona en la que yo he apreciado un mayor afán por expresarse con corrección y en un castellano florido y bello, no exento, eso sí, de un cierto barroquismo. 2. La segunda característica que contribuía a darle un sello especial a la ciudad de Valladolid (y ésta es, de las que estoy enumerando, la única que permanece) era su excepcional Semana Santa, nunca lo bastante ponderada por su sobriedad y su riqueza artística y en la que, venturosamente, pervive lo mejor del espíritu castellano, al tiempo que las más añejas esencias de nuestra historia remota: mucho he escrito en mis libros sobre la escalofriante antigüedad de las procesiones de Semana Santa… Y 3. El tercer hecho que le confería una índole singular a mi Valladolid natal era la existencia en ella de un colegio extraordinario, regentado por los Jesuitas, y que en aquellos años llegó a ser puntero no ya a escala regional sino nacional; me estoy refiriendo al Colegio San José en el que cuatro hermanos Riveros San José y nuestro primo Jesús Rivero Fuentes tuvimos la suerte de formarnos. Mi hermano Luis y yo permanecimos en él por espacio de ocho años, hasta que los avatares familiares nos obligaron a abandonar los estudios para ir a vivir y a trabajar a Barcelona.

En el Colegio San José se dotaba a los jóvenes de una formación de primerísima calidad y su personalidad y carisma eran tales, que muchos de quienes en él estudiamos lo tuvimos, virtualmente, como nuestro segundo hogar. Allí jugábamos, allí hacíamos todas las travesuras del mundo y allí practicamos un montón de deportes, merced a la enorme importancia que en él se les otorgaba y que llegó a sustanciarse en el hecho de que “el San José” llegase a alzarse con la victoria absoluta en los Campeonatos Nacionales Escolares que por  Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es 

66. ¡RESISTIRÉ…! Loa nostálgica a Barcelona.

Ante todo, os ruego me disculpéis por ser tan zenutrio. No es la primera vez que sucede y ayer volvió a ocurrir. Como, para no tener que buscar los tipos de letra cada vez, copio cada día el título del día anterior y me limito a actualizarlo, pues sucede que algunos días que voy más “a matacaballo” de lo que ya es habitual, me olvido de modificar el número de orden de los Introitos, volviéndoos locos a vosotros que veis cómo algunos números se repiten, sin explicación alguna por mi parte. Bueno, pues la explicación es ésta: que soy un cretino y que el Introito de ayer domingo no fue el 64 sino el 65 y que, por otra parte, a las 5 ó las 6 de la mañana…, pues todos los gatos son pardos… Vosotros me entendéis… Ya me dice el castizo Potito todos los viernes, que me fije bien, pero -¡qué queréis-, no se puede estar en todo… Procuraré que no vuelva a suceder…

El Potito, por otro nombre Mister Poth, es el amigo más antiguo que tengo y, además, en todos los sentidos, porque él mismo es Antiguo a carta cabal y parece un personaje salido de una zarzuela, en la más pura línea del célebre Don Hilarión de La verbena de la Paloma… Pero es que, además, es antiguo porque nos conocemos desde que teníamos 3 ó 4 años, cuando ambos coincidimos en la clase de la admirable Hermana Rosa del Colegio de Las Carmelitas de Valladolid, que sigue estando ubicado donde ya estaba entonces, en la Plaza de Santa Cruz y frente al Colegio San José de los Jesuitas en el que ambos proseguimos nuestros estudios de Bachillerato. Y conste que mi madre, para que mi hermano Luis (año y medio mayor que yo) no fuera solo, me llevó al colegio ya desde los 2 añitos, programándome así para lo que después ha sido mi vida, dedicada íntegramente al estudio. Estoy hablando del año 1947 en que contadas mujeres trabajaban y cuando, por consiguiente, se llevaba a los niños al colegio a edades más avanzadas. Por otra parte, mi madre, con dos y hasta tres mujeres de servicio en casa (criadas, como se las llamaba entonces), no tenía ninguna necesidad de sacárseme de encima. En fin, el caso es que me envió al curro ya a los dos añitos, y nunca se lo agradeceré bastante porque aquello, sin la menor duda, ha contribuido a hacerme tan desaforadamente trabajador como me ha hecho. Idiosincrasia que no cambiaría por ninguna otra, ni siquiera por la de multimillonario

Aunque muchos que creen conocerme bien no se hayan enterado todavía, puedo afirmar de manera solemne y con rotundidad, que no he hecho otra cosa en la vida más que trabajar. Y de esto pueden dar fe mis ocho hijos y, por supuesto, aquellas que han sido mis mujeres y que, si se puede decir así, han sido las más perjudicadas por mi enardecida laboriosidad. Aunque a la postre eso las haya beneficiado (al igual que en el caso de mis hijos), porque haciendo bueno el dicho de que Fray Ejemplo es el mejor predicador, la estampa de Jorge (padre o esposo) trabajando a todas horas y no perdiendo el tiempo jamás, les ha marcado a todos para el resto de sus vidas.

En un Introito anterior ya mencioné que mi abuelo materno Luis San José Cano era el hombre Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es