Archivo de la etiqueta: Barcelona

66. ¡RESISTIRÉ…! Loa nostálgica a Barcelona.

Ante todo, os ruego me disculpéis por ser tan zenutrio. No es la primera vez que sucede y ayer volvió a ocurrir. Como, para no tener que buscar los tipos de letra cada vez, copio cada día el título del día anterior y me limito a actualizarlo, pues sucede que algunos días que voy más “a matacaballo” de lo que ya es habitual, me olvido de modificar el número de orden de los Introitos, volviéndoos locos a vosotros que veis cómo algunos números se repiten, sin explicación alguna por mi parte. Bueno, pues la explicación es ésta: que soy un cretino y que el Introito de ayer domingo no fue el 64 sino el 65 y que, por otra parte, a las 5 ó las 6 de la mañana…, pues todos los gatos son pardos… Vosotros me entendéis… Ya me dice el castizo Potito todos los viernes, que me fije bien, pero -¡qué queréis-, no se puede estar en todo… Procuraré que no vuelva a suceder…

El Potito, por otro nombre Mister Poth, es el amigo más antiguo que tengo y, además, en todos los sentidos, porque él mismo es Antiguo a carta cabal y parece un personaje salido de una zarzuela, en la más pura línea del célebre Don Hilarión de La verbena de la Paloma… Pero es que, además, es antiguo porque nos conocemos desde que teníamos 3 ó 4 años, cuando ambos coincidimos en la clase de la admirable Hermana Rosa del Colegio de Las Carmelitas de Valladolid, que sigue estando ubicado donde ya estaba entonces, en la Plaza de Santa Cruz y frente al Colegio San José de los Jesuitas en el que ambos proseguimos nuestros estudios de Bachillerato. Y conste que mi madre, para que mi hermano Luis (año y medio mayor que yo) no fuera solo, me llevó al colegio ya desde los 2 añitos, programándome así para lo que después ha sido mi vida, dedicada íntegramente al estudio. Estoy hablando del año 1947 en que contadas mujeres trabajaban y cuando, por consiguiente, se llevaba a los niños al colegio a edades más avanzadas. Por otra parte, mi madre, con dos y hasta tres mujeres de servicio en casa (criadas, como se las llamaba entonces), no tenía ninguna necesidad de sacárseme de encima. En fin, el caso es que me envió al curro ya a los dos añitos, y nunca se lo agradeceré bastante porque aquello, sin la menor duda, ha contribuido a hacerme tan desaforadamente trabajador como me ha hecho. Idiosincrasia que no cambiaría por ninguna otra, ni siquiera por la de multimillonario

Aunque muchos que creen conocerme bien no se hayan enterado todavía, puedo afirmar de manera solemne y con rotundidad, que no he hecho otra cosa en la vida más que trabajar. Y de esto pueden dar fe mis ocho hijos y, por supuesto, aquellas que han sido mis mujeres y que, si se puede decir así, han sido las más perjudicadas por mi enardecida laboriosidad. Aunque a la postre eso las haya beneficiado (al igual que en el caso de mis hijos), porque haciendo bueno el dicho de que Fray Ejemplo es el mejor predicador, la estampa de Jorge (padre o esposo) trabajando a todas horas y no perdiendo el tiempo jamás, les ha marcado a todos para el resto de sus vidas.

En un Introito anterior ya mencioné que mi abuelo materno Luis San José Cano era el hombre Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es