128. OCTAVO DOMINGO POÉTICO DESDE SANTANDER…

Página Abierta al Conocimiento,

en la vanguardia intelectual de Occidente…:

ÉTICA & ESTÉTICA

Baluarte de la LIBRE Expresión

Autor: Jorge Mª Ribero-Meneses Lázaro. Obra registrada

Definición de Moral y de ÉTICA:

Parcela del comportamiento humano que preconiza el predominio del BIEN sobre el MAL, entendido aquél como la DEFENSA a ultranza de la BONDAD y de la VERDAD, y otorgando siempre la supremacía al RESPETO de los intereses de los más débiles.

– Soneto 2351 –

Definición de ÉTICA & ESTÉTICA

 Nuestra única Ley es la Hermosura,

nuestra Pasión, sólo una, la Verdad,

sentimos Devoción por la Bondad,

e innata inclinación por la Ternura.

Rendimos culto, sólo, al alma pura,

a la que no conoce la Ruindad

y labra en la Nobleza su beldad

y en la Honradez su estampa y su figura.

Nuestro mayor demonio es lo vulgar,

nuestro Ángel predilecto, la Alegría,

nuestro horizonte ideal es siempre el Mar

y nuestro paisaje…, la Armonía.

Nuestra Felicidad estriba en dar,

tal es, en fin, nuestra filosofía.

Archivo Serie Completa: www.fundaciondeoccidente.org

www.etica-and-estetica-com

Vinculada a: www.iberiacunadelahumanidad.net

http://picarox.blogspot.com/p/etica-estetica.html

Miércoles, 27 de Abril 2010

128. Octavo Domingo POÉTICO:

Sonetos Natalicios… y otros

La LUNA, casi llena, extendía sobre la enorme Bahía su manto de plata y yo, paseando por el antiguo Muelle del Puerto y actual Paseo Marítimo, formaba parte, minúscula e insignificante parte, de esa regia vestidura que la REINA derramaba sobre su venerable piélago de la remota y otrora crucial SANT´ANDER

Conocí Santander a los dos años, tres o cuatro días después de haber sufrido el primer atropello de mi vida, en esta ocasión no perpetrado por seres humanos sino por un cochazo negro de aquellos que existían en la época –primeros días de Agosto de 1947– y que cubrían sus ruedas con unos enormes y volátiles alerones… Si aquel bendito alerón de aquel coche oficial, en el que se desplazaba un General del Ejército de Tierra, no me hubiera rebotado segándome una orejita, mi pequeña cabeza de microbio de dos añitos habría ido a posarse en la calzada de la calle Duque de la Victoria de Valladolid (frente a la antigua sede del periódico El Norte de Castilla del que 40 años después fui asiduo colaborador) y ahí habría acabado (aplastado por un vehículo militar) la breve peripecia vital del tercer hijo del feliz matrimonio formado por Luis María Rivero Meneses y Ángela San José Lázaro

Aquel fue el primero de los infinitos milagros de los que ha estado jalonada mi vida y su desencadenante (¡luminoso presagio!) fue una mujer. Sí, la Niñera a la que mi madre había pedido que nos sacase a dar un paseo a mi hermano mayor, Luis, y a mí, y que se encontró con una colega en aquella acera de la calle Duque de la Victoria y se puso de cháchara con ella, desatendiendo a los dos microbios que llevaba de la mano. Y uno de ellos, éste que suscribe, debió ver algo que le atrajo en la acera opuesta de esa señorial calle vallisoletana y, ni corto ni perezoso, se fue a por ello con la osadía y la determinación que le caracteriza. Pero un vehículo de los por aquel entonces amos absolutos de España, los Militares, se cruzó en su camino dispuesto a llevársele por delante, a aplastarle… Hasta que un ángel, vestido para la ocasión de negro alerón de chapa metálica, entró en escena e indultó la vida de aquel osado mocoso que ya a los dos añitos parecía tener muy claro lo que quería e iba determinado y firme a por ello, soltando la mano de aquella miñona negligente y parlanchina.

No lo puedo recordar, pero me apostaría la cabeza (que aquel alerón evitó que fuera aplastada), a que aquella doncella (así se llamaba entonces a las chicas de servicio…) estaba manteniendo una larga y estúpida conversación con alguna paisana de su pueblo que se cruzó en su camino y yo, aburrido y desesperado de escuchar tantas idioteces juntas, opté por largarme con viento fresco y por alejarme de aquella catarata de sandeces que mi hermano Luis, rebelde también, pero más ortodoxo y dócil, se estaba tragando resignado…

Sí, aquella fue la primera ocasión en mi vida en que decidí rebelarme contra la imbecilidad…, y reveladoramente, ya entonces, aquella manifestación de mi fobia contra la memez ambiental, estuvo a punto de costarme la vida… Un claro presagio, un luminoso anuncio de lo que iba a ser toda mi vida: una lucha a brazo partido contra la IDIOTEZ…, pagando un altísimo precio por ello. Porque hay idiotas a mantas y porque, ¡ay!, suelen ser los que acaparan todo el Poder… Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es