Archivos diarios: febrero 18, 2010

75. ¿Al fin un REMEDIO para el CÁNCER?

&

ÉTICA & ESTÉTICA

Baluarte de la LIBRE Expresión

75. ¿Al fin un REMEDIO para el CÁNCER?…

Cuando en mi Decálogo “cóñico” de hace dos días, os incluí a Juana de Arco quejándose con un ¡coño! del calor que hacía en la hoguera en la que estaba siendo ejecutada, no pude evitar recordar cierta anécdota familiar, graciosísima, que, sin que pase un día más y antes de que cambiemos de tercio, quiero compartir con vosotros, con el fin de que os podáis dar el gustazo de soltar una monumental carcajada como la que en su día nos pegamos quienes protagonizamos la anécdota que paso a relataros…

Mi sexta hija, a la que yo llamo Madame, debe este profético apodo (profético porque acabó siendo Profesora de Francés y, además, a nivel universitario) a que en su infancia era muy dada a las grandezas y tenía unos humos impresionantes que yo consideré mi deber indeclinable el conseguir apagar por completo, con el fin de que mi querida hija Luzmila no tuviera una existencia solitaria y triste… Porque ése es el destino que, indefectiblemente, acostumbra a esperar a quienes van de “sobraos” e importantes por la vida, chuleando y haciendo de menos a los demás.

Me propuse matar esa fortísima inclinación a la soberbia de mi hija y a costa de centenares de castigos sin ver la tele y de broncas infinitas con su siempre protectora mamá, lo conseguí. Hoy Madame es una chica deliciosa, modesta y sencilla, que conquista a todo el mundo con su buen carácter, con su sencillez y su simpatía y que, como os conté el otro día, permanece ahora en su casa próxima al Lago Michigan, preparándose para el feliz alumbramiento de los dos hijitos que lleva en su seno… Y lo más importante de todo es que, a costa de tesón y de muchísimo trabajo, ha conseguido ser una gran profesora, valoradísima en la Universidad en la que trabaja, tanto por sus alumnos como por sus jefes. Ya sabéis que en Estados Unidos la enseñanza universitaria no es un cachondeo como aquí, porque los Profesores se ven sometidos a la evaluación permanente de sus alumnos. Lo que, entre otras muchas cosas, evita que aquéllos se tumben a la bartola como sucede aquí, con catedráticos-plasta que se pasan toda su vida repitiendo las mismas cosas, con la mente cerrada a cal y canto, sin estudiar nada en absoluto y, por consiguiente, aburriendo y desmotivando por completo a sus alumnos…

Sí, han quedado muy atrás los tiempos en que, aludiendo a sus humos, bauticé  Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es