Archivos diarios: enero 19, 2010

45. Un Ave María como penitencia…

Hoy día 18 de Enero 2010, ANTONIO ENRICH, alias George Bans, ha querido auxiliarme en el impresionante trabajo que supone la confección de esta suerte de bollo relleno que os sirvo todas las madrugadas, elaborado con una cuidada y ecológica masa intelectual y enriquecido con un exquisito relleno audiovisual en forma de PPs. Con lo que, ¡mira por cuánto!, ahora descubro que me he convertido en vuestro panadero…, que elaboro mi bollería intelectual durante la noche, para que podáis disfrutarla, reciente y crujiente, en vuestro desayuno… ¡Coño, qué lujazo! Ni a Fernando VII se lo ponían tan a huevo… (digo tan a bollo…)

En algo se tenía que notar que mis antecesores Meneses, afincados durante varios siglos en el barrio de San Andrés de Valladolid, regentaron la que en su día debió ser una de las mejores panaderías-confiterías de Puzela… Si ya digo yo que… de casta le viene al galgo… Ellos elaboraban su masa con harina…, y yo me hago harina para elaborar esta masa… Misterios de la Genética.  Sí, de esa misma Genética que decidió cargarme con el mochuelo que supone tener que arrostrar de por vida mi profunda debilidad por los traseros de las señoras… Ya lo veis, hemos pasado del pan…, al PON

Parece que mi bisabuelo Antonio Meneses, camuflado bajo una supuesta demencia senil que debía ser un cuento como una casa, les metía mano a las señoras en el culo con un desparpajo superlativo, que causaba el sonrojo de ellas, el disfrute del susodicho, y el cabreo monumental de su santa esposa que no sabía dónde meterse… A ellas les decía: -¡Ay, este Antoñito, qué cosas tiene! Perdonadle, hijas, porque el pobrecillo no sabe lo que hace… Y a él, cuando se quedaban a solas: -¡Eres un sinvergüenza! A mí no me la das: tú te haces el tonto para poder disfrutar de lo que más te gusta en el mundo: los culos de las mujeres. ¡Claro!, como el mío ya te lo sabes de memoria… La próxima vez que lo hagas te llevo a San Benito y se lo cuanto todo al Padre Gaspar, para que te dé un buen rapapolvos y te abochorne. ¡Jesús, qué castigo tengo con este hombre!

Sí, sí, mi bisabuelo Meneses, de pobrecillo, nada. ¡Menudo lince…! ¡Qué truco más genial ingenió para poder hacer impúnemente aquello que todos los varones dignos de tal nombre anhelaríamos y que, sin embargo, debemos prohibirnos! Yo ando ya maquinando, en mis paseos junto a la Ría de Zumaia, cuándo empezaré a simular una demencia como la de mi bisabuelo, que consistirá, básicamente, en tentar los culos de todas las señoras estupendas y en hacerles ostentosos cortes de manga a nuestros impresentables políticos…: ¡Discúlpenle, pobrecillo, porque ha perdido la cabeza…!

En suma, que cuando empiece a simular esa reconfortante demencia, Lee el resto de esta entrada en: www.introitismo.es